Derechos Humanos y Política en Colombia: Perspectivas para 2014  

Volvemos en este 2014 con muchas más cosas que contar, analizar y comentar. 

A pesar de la inevitable tendencia de nuestra sociedad a erradicar de su imaginario colectivo el carácter excepcional de las violaciones de derechos humanos, es justo decir que el 2014 no será un año “común y corriente” en dicha materia.

Por el contrario, el destino del país en los próximos años se encuentra ligado en gran medida a lo que suceda alrededor de ciertos fenómenos políticos directamente relacionados con la promoción y la protección de un gran número de derechos y garantías. De un lado, las elecciones legislativas y presidenciales, y del otro, el eventual desenlace del proceso de paz que actualmente se lleva a cabo con las Farc.

Ambas coyunturas pueden verse como puntos de partida o puntos de llegada de en materia de gobernabilidad y ejercicio del poder público, y en concreto, tienen un impacto indiscutible en las relaciones entre el estado y los ciudadanos, las cuales son las que determinan de forma principal – mas no exclusiva – la situación de derechos humanos en una sociedad nacional.

Procesos electorales: continuidad o fractura política

El 2014 es un año de elecciones determinantes para la cristalización o el archivo de proyectos políticos identificados con la protección de una gran variedad de derechos y garantías. Mientras que el 9 de marzo se elige un nuevo congreso, el 25 de mayo sabremos – a no ser que haya segunda vuelta – si Juan Manuel Santos tendrá otros cuatro años para consolidar su prosperidad democrática desde el ejecutivo.

En el marco de la acción del estado, el éxito de un proyecto de gobierno de dicha magnitud depende de la continuidad de las políticas públicas que lo desarrollan, así como de las leyes que lo incorporan en el ethos nacional. Si bien hay una base de mínimos normativos inmutables en la Constitución, la afinidad ideológica de las autoridades influencia directamente la garantía de los derechos de las personas cuando, como en toda sociedad, hay intereses contrapuestos.

Teniendo en cuenta el alto grado de polarización que hay en el actual panorama político colombiano, es posible insinuar que el resultado de las elecciones influenciará las dinámicas de la protección y garantía de muchos derechos relacionados con el modelo de desarrollo del país.

Durante los últimos 4 años, la actual administración pública ha venido implementando un gran número de políticas y programas en áreas estructurales que están directamente relacionados con el contenido y alcance de muchos derechos asociados con lo social.

El éxito de dichas políticas, y por ende, el goce efectivo de los derechos relacionados, depende de su continuidad. En caso de que el presidente Santos no fuera reelecto y bajo un hipotético escenario del uribismo puro retomando el poder, no sería extraño encontrar súbitos y potentes cambios de enfoque en dichas áreas, en todo caso amparadas por la legitimidad de la autoridad.

Aún más, un congreso haciéndole oposición a Santos representaría un obstáculo adicional, teniendo en cuenta la naturaleza estructural de las políticas relacionadas con el sector rural, la protección al medio ambiente y la apertura a la economía global. El éxito de este tipo de iniciativas requiere de amplias y variadas reformas legales, por lo que la efectiva garantía de derechos como la salud, la vivienda, la educación, o el trabajo dependen del trabajo armónico entre el ejecutivo y el legislativo.

Igualmente, no hay que olvidar que los procesos electorales traen consigo tensiones y amenazas en materia de derechos políticos. La violencia, de por si intensa en nuestro país debido a las condiciones de discriminación y desigualdades sociales imperantes, se incrementa en época de elecciones. Teniendo en cuenta las particularidades de una sociedad polarizada, hay que advertir que no sólo se podrían ver afectados los derechos a elegir y ser elegido, sino la vida e integridad de los actores de dicho escenario. 

Proceso de paz y post-conflicto: principal escenario de los derechos humanos en 2014

De la misma forma en que los resultados de las elecciones tendrán un efecto sobre la situación de los derechos humanos en Colombia, los resultados del actual proceso de paz con las Farc, y en concreto del proyecto de justicia transicional.

La consolidación o el estancamiento de dichos diálogos marcarán la pauta en muchos aspectos relacionados con las garantías relacionadas con la justicia, la verdad y la reparación de víctimas, tales como los procesos de restitución de tierras, recomposición del tejido social en las zonas de alto impacto del conflicto, y la vida e integridad misma de las personas desde el punto de vista de la intensificación o el cese de hostilidades.  

Igualmente, el desenlace del proceso de La Habana debe asociarse con la suerte de los actores armados, tanto legales como ilegales, bajo un escenario de post-conflicto. La eventual consolidación del Marco Jurídico para la Paz abrirá un gran debate sobre si el otorgamiento de penas alternativas respecto de los crímenes cometidos con ocasión del conflicto podría encuadrarse como un caso de impunidad. Esto implicaría, de un lado, la no asunción de casos de violaciones pasadas de derechos humanos en el marco del conflicto, y del otro, la violación misma de otras garantías fundamentales de las víctimas tales como la justicia y la verdad.

De forma paralela, no hay que perder de vista lo que sucederá respecto del ejercicio de los derechos políticos de los miembros de la guerrilla que decidan desmovilizarse y acceder a la posibilidad de disputar opciones de poder, principalmente en el ámbito de lo regional. No podemos olvidar lo que en su momento sucedió con la Unión patriótica, que a propósito regresa de forma definitiva al escenario político luego de muchos años de silencio debido a la pérdida de su personería jurídica.

El caso del destituido alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, también debe aparecer en el radar de los derechos humanos para el 2014. El destino del exmandatario y sus derechos políticos – y los de sus electores – penden del pronunciamiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre una solicitud de medidas cautelares, así como de que se lleve a cabo el referendo relacionado con el proceso de revocatoria del mandato que hay en su contra.  

Finalmente, también hay que resaltar que el incumplimiento del gobierno respecto de ciertos compromisos asumidos en el cénit del paro agrario de 2013 puede llevar a que se presenten nuevas movilizaciones sociales, especialmente del movimiento campesino y otros sectores que simpatizan con dicha causa, o la encuentran propicia para amplificar su propio descontento (estudiantes, sindicatos, trabajadores de sectores informales, etc.). 
Comentario adicionado el 7 de febrero: YA VIERON LO QUE PASÓ CON LAS “chuzadas” al proceso de paz…

Derechos Humanos y Paz: balanceando la ecuación

Visto lo anterior, es importante mencionar que un análisis de lo que se viene en materia de derechos humanos para nuestro país debe hacerse desde dos ideas bien demarcadas.

Primero, que si bien la paz debe entenderse como la ausencia de violencia, esta última no puede reducirse a los actos individualizados en los que se genera un impacto negativo a una persona o grupo de personas. Por el contrario, también debe entenderse como violencia lo estructural, que muchas veces tiende a ser invisibilizado debido a que no existen víctimas y victimarios concretos, o que al tratarse de un fenómeno masivo no son identificables o cuantificables.  

Segundo, que los derechos humanos deben entenderse como un medidor o rasero de la repuesta del estado – en tanto principal agencia de control social – a la existencia y erradicación de los fenómenos de violencia, tanto personal como estructural. En esa medida, lo que entendemos como paz debe entenderse como el disfrute integral de las personas de sus derechos; es decir, tanto los civiles y políticos como los económicos, sociales y culturales.    
  

En esa medida, hablar de derechos humanos en Colombia en 2014 debe estar directamente relacionado con los caminos de la paz. Debe  proyectarse hacia la comprobación de la capacidad de las autoridades para establecer las condiciones necesarias de un proyecto de post-conflicto, dirigido no sólo a reparar a las víctimas de actos de violencia directa, sino a cimentar las bases de una sociedad más justa e incluyente. 

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