PORQUE USTED TAMBIÉN ES VÍCTIMA DEL CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA



Muy probablemente usted se encuentra en el momento aquel de crisis existencial de domingo en la tarde, ya que hay que ir a trabajar o estudiar mañana lunes. Mi intención no es agriarle más el ánimo, ya de por si caldeado si es hincha de Millos y –a las 6:19pm– sufre con ese empate con sabor a derrota. Sin embargo, me pareció el mejor momento –cualquier momento es el mejor para esto– para venir con esta frase directa a su hipotálamo: usted también es víctima del conflicto armado.

Le pido el favor que no me vaya a salir con eso de que aquello que acabo de hablar es cierto porque ya no es como antes, cuando el gobierno de Uribe nos había despejado las vías para ir hasta la costa, y que con Santos se siente de nuevo inseguridad por todo lado. Le ruego que no me de la razón argumentando que efectivamente, usted es víctima porque no tiene ni idea qué va a pasar con el valor de sus acciones en Avianca o Ecopetrol una vez que la calificación de la confianza inversionista vuelva a caer. Por favor, no hablemos de eso que me da urticaria y estoy en un país con mucho frío como para que además la piel se me irrite. De lo que yo vengo a hablar es de quién es la verdadera víctima del conflicto, y de por qué en esa medida usted también es victima, aunque no por los mismos motivos, como pasaré a explicar.

Hace unos meses, en una conversación de sobremesa en el entorno familiar, se me subieron los colores cuando una persona que quiero mucho salió con uno de esos comentarios típicos de digestión cuando las familias hablan de la población desplazada por la violencia:

-    -Lo que pasa es que esos desplazados son perezosos, no les gusta trabajar y entonces se paran en los semáforos a pedir. Y fíjese, terminan ganando hasta más que alguien si se friega el espinazo trabajando. Oportunistas es lo que son esas “dizque víctimas”-

(Yo sé que todos se lo han oído a alguien).

De esa forma, el rico ajiaco de la mamá se mezcla con la estigmatización que la mayoría de colombianos acomodados generamos respecto de ese curioso grupo de personas que desde hace un tiempo viene amontonándose como micos en lindos sectores residenciales de Bogotá (léase Ciudad Bolívar, Bosa y Engativá), que no tienen ni idea de lo que es un método de control de natalidad y nos dejan rodeados de chinos cachetirojos y con velas de mocos en las ñatas, y que se nos tiran la vida porque no hacen sino crear bandas de atracadores y carteristas que emigran al norte de la ciudad para delinquir. Si, esos, los que para colmo de males ahora están chupando de la teta del Estado gracias a la externalización de sus problemas personales, que al final de cuentas no deben importarnos. Y se nos tiran el ajiaco fuera de eso.

Lo cierto, apreciados (pocos) amigos lectores, es que la noción de víctima es una cosa increíble y juega con las leyes de la física. Las víctimas son unos seres que existen bien lejos de nuestro radio de acción y comprensión, ya que jamás podrían adaptar a nuestra educación y sofisticación. Aparecieron de un momento a otro por un conjunto de leyes que se expidieron para darles significado en un mundo que los veía como un campesino más viniendo a buscar lo que no se le ha perdido en la ciudad. Son unas criaturas etéreas que existen en esa otra realidad que desconocemos porque nos genera desconfianza. No hacen parte de la gente que nos gusta y su olor nos da nauseas porque no se bañan todos los días.

Mientras tanto, el mundo sigue andando y nosotros nos quejamos porque Bogotá está cada vez peor.

Mis amigos (mis amigas también, para que luego no me vayan a decir que no tengo enfoque de género), yo se lo que usted me va a decir: que usted no es ese tipo de víctima porque sus penurias y afectación respecto del conflicto armado son otras. Yo creo que por el contrario, usted sí que lo es pero no se ha dado cuenta de muchas cosas que deberían al menos, estarle rondando en la cabeza. El problema es que el sistema político-jurídico y la sociedad han hecho tanto daño establecido subjetividades marcadas y opuestas, que nos consideramos como dioses en un mundo de caídos. Yo quiero contarle quién esa víctima:
-     
           Es quien durante muchos años y con mucho ahínco cultivó de forma permanente todas las cosas que usted se come, y por las que sus hijos son sanos. Es quien conoce la tierra como nadie porque la ve como la madre de todo lo vivo, y entiende sus particularidades.

-          Es quien cuida las fuentes de agua en los páramos que permiten que todos los días usted pueda bañarse con el agua más limpia del mundo (según la ranita del acueducto), en vez de tener que contentarse con el agua turbia y ácida que deben usar los habitantes de muchas ciudades divinamente del mundo.

-          Puede ser su primo en segundo grado o tío abuelo suyo, porque si bien hoy en día todos nos creemos de mejor familia, o peor, de mejor sociedad o país, nuestros genes vienen de alguna provincia recóndita donde nuestros antepasados eran felices con poco, o con mucho, pero siempre con valores de respeto al otro, de solidaridad con el que estaba en problemas, y de rechazo a la violencia como forma de resolución de problemas. Ese color blancuzco del que algunos idiotas se precian, no es más que un espejismo barato y una patética forma de ocultar el orgullo que debería tener el ser indio o negro.

-          Es quien se levanta con las mismas ganas de desayunar, le dan las mismas ganas de ir al baño, y tiene la misma curiosidad de saber más sobre la vida, el mundo y el hombre, a pesar de que el hombre se haya vuelto un hijueputa con su prójimo.

-          Es, para quien le interese, el mismo que es más favorito para Jesús que usted. Entonces tenga envidia, porque es más probable que si es que existe, él entre al paraíso primero.

¿Por qué es usted también víctima del conflicto armado entonces? Primero, porque esa persona que usted ve como lejana y ajena, tiene mucho más que ver con usted de lo que creía, le guste o no. Porque a pesar de la maldita sociedad individualista en la que vivimos hoy, la humanidad se consolidó como especie dominante gracias a la solidaridad como valor de acción y asociación supremo, así nos quieran hacer creer que es la toma de decisiones racionales y utilitarias. Porque los medios de comunicación, la política sucia y la economía voraz le han hecho tanto a su cerebro, que se cree el cuento de pensar que quienes sufren directamente de los efectos de la guerra son los otros, y que esos otros no hacen parte de nosotros.     

Mientras tanto, sigamos almorzando los domingos con la familia, y comiéndonos los duraznos con pepa de postre mientras alguien vuelve a comentar que esos desplazados son unos perezosos. Al final, qué más da que entre todos nos hagamos los huevones, seguimos todos juntos dentro de la burbuja.                      

Comentarios

Entradas populares de este blog

Seguro nos conocimos en otra vida.

Y Usted, ¿Cómo Cree que es el (Abogado) Javeriano?