El Chico de la Chica del Paraguas

Que Spinetta fue el fundador; que Charly es un genio; que Fito es poesía; que Gustavo es innovador –que no me lea Gilda Rivero porque me va dando en la cabeza con un vinilo de Depeche Mode­– ¡y si, y se lo agradecemos quienes crecimos con y amamos el rock en español! Pero si hay algo que en mi concepto los anteriores próceres de este ritmo en Latinoamérica no tienen del todo, y que Andrés Calamaro sí y con suficiencia, es la capacidad de interpretar las vainas del pueblo para el pueblo; el aguante del barrio, de la cuadra, de la colonia, de la comuna, de la favela.

Y es que no se trata de hacer una biografía de este bonaerense del 61 (hay muchas y más responsables que este blog de tres pesos), sino más bien intentar aproximar desde mi punto de vista de aficionado los temas de su discurso popular desde el recuento de alguito de su música.

En Calamaro encontramos un dejo de nostalgia hacia lo que otros juglares del pueblo hicieron antes que él –otros cantantes–; esos de verdad, que no tenían pelos en la lengua para jugársela con sus sentimientos e impresiones sobre un mundo inclemente con los pobres o desgraciados, importárale a quien le importara. Aquellos que sabían que luego de tanta joda la cosa no iba a funcionar, pero que tenían la dignidad suficiente para invitar al último trago (José Alfredo Jiménez). Aquellos que, perdidos de la borrachera y la coca, se excusaban por llegar tarde a un concierto arguyendo que el público llegaba muy temprano (Héctor Lavoe). Aquellos que lloraban la pena de amor con culto, llegando hasta el punto de ofrecerle un poco de su sangre a una copa rota (Benito de Jesús…no señores, no fue Alci Acosta!!!). Y si, aquellos que honran la vida de genios del arte, que de tanta sensibilidad no pudieron aguantar una sociedad tan cruel y desigual, por lo que prefirieron –como Alfonsina–, dormir debajo del mar con las caracolas marinas (Mercedes Sosa).

Ahí, en las canciones interpretadas por todos estos magos, están reflejados los rostros y las historias de millones de latinoamericanos; justo cuando lo tropical y lo trágico se amalgaman para producir mujeres y hombres de café, maíz, estaño o petróleo. Y Andrés lo tiene tan claro que, a la vez que honra a sus predecesores, le cuenta al mundo qué carajos pasa por estas tierras, como lo hiciera Eduardo Galeano con sus Venas Abiertas o Fernando Botero con sus gordas majas en los Campos Elíseos.

El corazón grande de Calamaro –muchas veces celebrado y otras roto– también hace parte de su generoso repertorio, de modo que resulta impensable concebir aquella voz ronquita (era dulce cuanto cantaba Mil Horas con los Abuelos) sin la profundidad del regurgiteo de notas de pasión, dolor o nostalgia. Te sientas en la sala de tu casa, te sirves un trago, y pones cualquiera de sus discos; de pronto, ella o él están ahí, sentados en la silla del frente y mirándote fijamente. No hay como escapar a la honestidad brutal de esos ojos, y te sumes en mares de recuerdos que van desde tus amoríos platónicos como estudiante el día de la primavera, hasta el instante en el que mordías su boca y pensabas que serías el único en hacerlo. Todo esto para que al final quien está al otro lado de ese salón –que más parece la escena de un crimen perfecto que de un reencuentro–, te diga sin chistar que son como dos extraños…. ¿Che flaca, vos para dónde vas?

Y para cerrar este salpicón calamarezco, digamos que Andrés le canta a muchos, y muchos le cantan a él; encontramos a través de más de 30 años de carrera grabaciones de géneros variopintos y artistas fundamentales, que con toda seguridad no son fáciles de interpretar. Pero una vez más, el chico que compuso a La Chica del Paraguas con tan sólo diez años, se salió con la suya. Si no me creen, miren la “listica” de covers que hago muy por encima:

Volver y Por una Cabeza (Carlos Gardel)

Nostalgias (Cadímaco y Cobián)

I will survive (Gloria Gaynor)

No woman no cry (Bob Marley)

Under my Thumb (Rolling Stones)

Oh Darling (The Beatles)

Desconfío de la vida (Pappo)

Y como venía diciendo, a él también lo han cantado. No por nada sale esa joyita de la corona llamado Calamaro Querido!, donde “tipitos de por ahí” como León Gieco, Litto Nebbia, Pedro Aznar, Fabiana Cantilo y Joaquín Sabina le hacen sentido homenaje a sus canciones, con interpretaciones alternativas y llenas de corazón.

El salmón sigue y sigue subiendo contra la corriente; pareciera que nunca va a llegar a su lugar de descanso eterno, porque a pesar de contar más de 200 singles y 30 álbumes (como aquellos tan sabrosos que se hizo con Riot, Zamora, Vilella e Infante en la etapa de Los Rodríguez), este tipo es una multinacional de producción discográfica. Claro, habrá cosas que no lleguen a solventar los estándares del Calamaro épico, pero siempre será música pegajosa y dignificante; recuerden que con Calamaro se podría armar una parranda en cualquier lugar del continente, por no decir del mundo globalizado donde lo latino está de moda.

Sin más…salud cantante!

P.D. Hoy quiero celebrar la llegada de Paz Gómez Delgado, la primera panita de una nueva generación de amigos que estarán toda la vida reunidos alrededor de lo bueno que es estar en este mundo.

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