Y Usted, ¿Cómo Cree que es el (Abogado) Javeriano?


Y Usted, ¿Cómo Cree que es el (Abogado) Javeriano?

Lo mejor que le puede pasar a uno durante un día de trabajo en la oficina, es que aparezca alguien con un buen artículo para leer en medio del trajín del ejercicio de la profesión; una buena excusa para dejar de lado lo lucrativo para hacer algo provechoso. Y siendo fiel a mis años como eventual aportante de contenido a Foro Javeriano, me encontré con una particular columna que generó tanta influencia en mi estado de ánimo y opinión, que debo aceptar es la culpable de la reactivación de este blog luego de algunos meses de silencio.

http://forojaveriano.blogspot.ca/2013/05/en-defensa-del-formalismo.html

De antemano, quisiera aclarar algo: me parece que quien la escribió es una persona valiente, porque está expresando sus ideas y además, lo hace a partir de la cortesía de manifestar que su intención no es ofender a nadie, sino simplemente ejercer su sagrado derecho de libertad de expresión. Así que felicitaciones señor –si es que alguna vez leyó este comentario–, ya que usted está haciendo lo que muchos cobardes o apáticos nunca hicieron.

En todo caso, me permitiré comentar dicha columna para desarrollar una idea un poco más amplia relacionada con lo que ha significado y significa hoy en día ser Abogado Javeriano. Me siento legitimado para escribir sobre el tema por lo siguiente: Obviamente soy abogado javeriano y por ende durante 5 años fui estudiante, pero también soy profesor de la Facultad si bien en este momento me encuentro desarrollando proyectos académicos y profesionales en Canadá. En esa medida, creo que puedo hablar sobre lo que mi querido colega ha expresado en su entrada en el blog del Foro.

Cuando empecé a leer en el primer párrafo que el autor iba a referirse a una cuestión de “formalismo”, debo aceptar que me entusiasmó conocer la opinión de un estudiante sobre dicha escuela jurídica, por lo que al verificar que no se trataba de eso, sino de un asunto más propio de la Urbanidad de Carreño o la revista Cosmopolitan, tuve que temperar mi ánimo para continuar, ya que recordé que hace unos 15 años, alguno de mis compañeros hizo comentarios similares. Igualmente, consideré valiente el giro tomado por mi colega para extender sus reflexiones al profesorado de la facultad, y mi identificación con tal conjunto fue el golpe de gracia para asumir atenta lectura…al final, ¿a quién no le interesa saber cuál es la última tendencia de la moda para la academia jurídica en el verano de 2013? 

Y es aquí donde empieza a uno a encontrar una serie de términos bien interesantes a los que el autor hace referencia para justificar su visión normativa negativa respecto de la alternativité de la mode: apelación a la historia de la universidad y su relación con una serie de valores y principios morales y sociales. Inmediatamente pensé en dos cosas. La primera, el viejo Eric Hobsbawn –historiador que seguramente hipsters, preppys, hippies o alternos no conocieron pero que todos amarían por igual– diciendo que algunas tradiciones no son otra cosa que la creación de un grupo específico de personas dentro de un grupo social para desplegar relaciones de poder. Y segundo, recordé justamente la historia de la Universidad Javeriana.
Si hay algo muy claro es que la Compañía de Jesús se ha caracterizado por ser la orden religiosa de la iglesia católica con mayores ínfulas de progreso, lo cual le ha traído de la misma forma los mayores problemas con todas las formas de poder represivo y conservador. Es más, de ahí que cuando la Javeriana se restaura como ente de educación superior en la década de 1930, lo hace como una apuesta al desarrollo de un modelo educativo que si bien estaba enfocado a formar líderes de clases sociales acomodadas, lo hacía pensando que aquellos influenciados bajo sus ideas, podían propender por la opción social a la hora de tomar decisiones a gran escala. 

Otra cosa que es diferente es que durante la década de 1980, y como consecuencia de una visión neoliberal exacerbada, el perfil profesional del abogado javeriano se haya enfocado más al sector privado y a las actividades cercanas a la economía de mercado. Sin embrago, esto no sugiere de ninguna forma que dicha opción por la justicia social –posición ética fuera de discusión– haya cambiado. Uno no puede confundir entonces opciones éticas y principios universalmente aceptados con opiniones sobre lo que está bien o está mal, o mucho peor, sobre lo que es estéticamente aceptable o no. 

Creo que es muy delicado hablar sobre “razas de abogados” o hacer mención de un pedigree o porte que identifica a los alumnos o profesores de una institución educativa. Primero porque el discurso adquiere un todo fascista complejo de defender, segundo porque ciertamente, refleja un clasismo que es impropio de cualquier profesional que tiene un compromiso con una Constitución incluyente como la nuestra, y tercero porque esos son apelativos que le quedarían mejor a los caninos o a los equinos, no a las personas. 

Y voy a un punto muy concreto: al defensa del derecho al libre desarrollo de la personalidad debe ser absoluto, y sólo debe tener como límite si se generan afectaciones directas en otras personas. En concreto mis queridos amigos: gracias a que su compañero o compañera pueden vestir con alpargatas, jeans rotos o harapos y peinarse como se les dé la gana, es que usted, indignado o indignada, puede usar mocasines y chalequitos, y peinarse con gomina. Porque esta garantía no se refiere a un estilo X o Y, sino a la posibilidad de ejercer ciudadanía sin tener que temer por que alguien vaya a limitar su capacidad de SER. El límite, obviamente, sería si llega alguiena clase y empieza a oler mal o si a alguien por ejemplo le da por ir a comprar un combinado a la cafetería en bola, pero eso –a no ser que sea el día de la serenata en 10º semestre– no creo que pase. Como lo manifestó un querido colega profesor hace un rato, usar corbata no hace tradición. 

Ahora, yo si quisiera entrar a hablar un poco sobre lo que para mí debería considerarse como presencia, decoro y moral de un abogado javeriano: 

·         Uno, apreciar el esfuerzo que ha implicado para terceras personas el que uno pueda estudiar en una Universidad como la Javeriana, y en esa medida, aprovechar las clases y explotar los conocimientos y experiencia de los profesores. 

·         Dos, aprender a, por lo menos, leer y escribir de forma apropiada, ya que es una de las falencias más graves de la gente hoy en día. Y si le fue mu muy bien en la carrera, que además pueda analizar problemas jurídicos simples. Los datos y las normas no se van a borrar de los códigos, pero el criterio y las capacidades básicas son habilidades que requieren de trabajo y sacrificio. 

·         Tres, no creerse más ni pensarse mejor que nadie por el hecho de estudiar donde se estudia, o trabajar donde se trabaja. La vida da lecciones todos los días, entre otras que el acceso a posiciones privilegiadas, contrario a otorgar capacidades excepcionales, generan grandes responsabilidades. Entre más posibilidades obtenga uno, más se debe hacer por quienes no tuvieron las mismas posibilidades. El edificio Giraldo no es la Javeriana, la Javeriana no es Bogotá, y Bogotá no es Colombia. 

Y finalmente, quienes aún están leyendo esto, no estén tan seguro que el hecho de estudiar en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Javeriana lo va a volver una especie de superhéroe intocable, exitoso o sabio. Es una gran cuota inicial, pero se requiere mucho más que eso. Entre otras cosas, entender que la diversidad es la fuente de no sólo el éxito, sino la supervivencia. Y que las tijeras, como armas corto-punzantes, son peligrosas porque así como generan predictibilidad, también cercenan libertad y autonomía. O si no acordémonos de unos tales Nazi...

Ese, creo, debería ser el abogado javeriano, no aquel que se vista de cierta forma u otra. Queridos colegas, no se preocupen tanto por como sus compañeros son o lo que hacen, sino por ustedes mismos y sus notas, almas y corazones. Eso sí que es importante, porque respecto a eso rara vez hay segundas oportunidades. Y de nuevo, recuerden que el abogado javeriano siempre se ha destacado porque a diferencia de los otros con los que compite, siempre actúa pensando en el bienestar común en vez del provecho de unos pocos.
    

Comentarios

  1. Querido colega:

    Tiene razón, hay argumentos suyos que comparto y quiero hacer de este comentario en parte una réplica a lo que Ud acertadamente menciona, pero quiero referirme también a varios aspectos de lo que escribí que quizás son poco claros y confusos.

    No pretendí nunca ofender a nadie (insisto en ello, es un tema que, sorprendentemente me ha demostrado herir a varias personas) y puede ser confundido fácilmente como la "entrada jurídica" del blog de Esquire o Cosmopolitan, situación que tampoco es el fin de la columna.

    Nunca quise delimitar única y exclusivamente al abogado javeriano en cómo debe vestirse. Si bien la "pinta" es muy importante, es también claro que el contenido intelectual de quien la porta es, a fin de cuentas lo que la sostiene. Forma sin fondo no es nada; pero el fondo es mucho mejor si viene acompañado de forma.

    También quiero quitarle una connotación que muchos le han dado. No es un artículo de corte elitista, y mucho menos político, no pretende serlo y sería atrevido que así lo quisiera. La tendencia política o el estrato social son indiferentes al momento de juzgar a una persona por lo que es, pero nunca serán pues argumentos válidos para disminuirla o restarle importancia. NO.

    Pero ante todo quiero apuntarle a lo flojo y a lo peligroso. Pienso que, así no nos guste, el "pedigree javeriano" es algo que si nos acompaña. No es lo que nos va a conseguir puesto cuando salgamos, no va redactar los contratos y demás labores del da a día profesional, pero si marca las cosas que hacemos, les imprime con tinta indeleble una marca, que completa al nombre y los hace excelentes. Los Javerianos nos dejamos el alma en lo que hacemos, nos entregamos a lo que pensamos independientemente en que otros estén o no de acuerdo (Yo considero que esta es una causa perdida) pero la defiendo, la practico, y todavía pienso que todo esto es parte de la mística, de las tradiciones, parte de lo que le otorga belleza a la profesión, pero es claramente "pasado de moda" Ser elegante "no se estila".
    Así como no se estilan muchos valores que también practico y son, a mi manera de ver esenciales para hacer una sociedad siempre mejor. Se ha perdido la alcurnia y la galantería, la caballerosidad, la decencia, los modales y las tradiciones. Y vivimos en un lugar donde la falta de cada una de esas cosas antes mencionadas es cada día más grande y nos hace cada vez más falta.

    Las pretensiones del artículo eran generar algo de conciencia, que ahora cada persona antes de ir a la facultad algo le pique, y lo haga meditar en algo su presentación personal. No pretendo nada más que lograr decir "No se valla a clase como se iría al gimnasio, así como no se va al gimnasio como debería irse a clase". La idea de que lo leyeran abogados era esa, hacer una reflexión que fuera más allá de la academia y del día a día, pretendía que esas personas que sin duda ejercen, o van a ejercer la profesión más linda del mundo rescataran en parte esos principios, día a día, poco a poco de una manera que no se olvide la tradición, que no se pierda la fuente de la que venimos y nos ha formado, pero sobre todo, no se haga de principios "obsoletos" una lengua muerta.

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    1. Muy refrescante y esclarecedora su respuesta, porque ciertamente había varias cosas de su artículo que resultaban un poco oscuras. Creo que compartimos algo, y es que como abogados javerianos, somos diferentes de alguna forma a los demás. Pre precísamente, en el contenido de esa diferencia es donde creo se genera la controversia. Y es que, esa mística sobre la que usted muy acertádamente da cuenta, está aproximada -en mi opinión- a la opción social en el ejercicio de la profesión. Con mayor razón, en un país como en nuestro -violento- y en una sociedad como la nuestra -excluyente-. Y fíjese que conozco muchos abogados de alpargata y jean roto que lo hacen con mística y entrega; gente que no le importa ganarse dos pesos, pero se va a defender los derechos de las comunidades a la mitad de la nada; gente que jamás se pondría una corbata, pero que en un estrado es más elocuente y poderoso que cualquier otro. Y eso es, en mi opinión, lo que nos debe hacer diferentes. Intelectualmente competentes, pero socialmente comprometidos.
      Es más...le confieso que odio las alpargatas y los jeans rotos. Mi apariencia es impecable e incluso disfruto de un buen traje y una corbata bien atada. Pero ciertamente eso no me hace mejor ni peor.
      Cierro con estas palabras de Voltaire: "Estoy en desacuerdo con sus ideas, pero defiendo hasta la muerte su sagrado derecho de expresarlas".

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